Los canarios, no los pájaros, los que han nacido y viven en Canarias son (somos) cobardes, charlatanes, echaos pa’lante, aplatanados, llorones, valientes de boca pa’fuera, fuertes con el débil, y “fuertes” pelotas con el fuerte, incultos, de palabras melosas y críticas fáciles, exhibicionistas gritones nos creemos el ombligo del mundo (somos otra parte también redondita, no el ombligo), tenemos la sonrisa falsa y lágrimas de cocodrilo, somos orgullosos y en realidad nos arrastramos más que los perenquenes, trepamos a costa de los demás, enchufándonos al que tenga la manga más larga y la cara más dura. A la gente de aquí nos une la envidia, y ¡como presumimos de lo que no somos! Dándonos aires de “soy el mejor y ustedes no” claro síntoma de un super-hiper-mega- complejo de inferioridad. Nos pavoneamos llenándonos la boca con frases como “¡Chiquito enterado el godo este! Cuando el “godo ese” es el que nos saca las castañas del fuego, y ayuda a que no sigamos comiendo leche y gofio.

Sí, sí, somos envidiosos, falsos y nos parecemos a perros que ladran y ladran y a la hora de la verdad meten el rabo entre las patas e incluso se orinan y lamen la corona godo-española de la bandera oficial que nadie quiere.
Y es que somos unos sabelotodos que en realidad no sabemos nada, vamos de listos y nos engañan por bobos.
Repetimos cantinelas miles de veces, quejándonos de todo y con todos, pero a la hora de la verdad, no denunciamos nada y nos conformamos diciendo:
“¡Que güen día hace hoy!”