No diré mucho sobre los polvos del señor Meléndez que no se haya dicho antes. Aunque me gustaría recalcar que en cualquier investigación con “cobayas humanas” estas suelen recibir una compensación económica como muy bien dijo E.O.V. y no pagar 100 euros por dos kilos de producto que supuestamente se pueden conseguir por muchísimo menos dinero en el mercado.
Me gustaría recordar que allá por el mes de enero del año 2004 Enrique Meléndez y su equipo presumían que en el mes de noviembre de ese mismo año “su producto milagroso” se encontraría en cualquier tienda o supermercado como encontramos la sal o los limones. Por lo visto es mucho más rentable venderlo desde su inventado instituto del metabolismo celular y digo venderlo porque eso de “aportación voluntaria” no se lo cree ni él.
Quisiera recalcar que el producto en cuestión (los factores uno y dos como él los llama) no son una ayuda ni un súper invento imprescindible para adelgazar, ya que la dieta que él y sus colaboradores aconsejan seguir hace bajar bruscamente el peso sin necesidad de tomar ningunos polvitos mentirosos-milagrosos.
El tema me ha afectado personalmente, mi cuñada y sus hijas estaban siguiendo el tratamiento desde enero del año 2004. Cuando las niñas venían a casa, yo las notaba con una ansiedad muy fuerte y por supuesto yo les hacía algún bocadillo y un vaso de leche con cacao o lo que les apeteciera, sin decirle nada a su madre. La dieta que estaban siguiendo era muy estricta las niñas tomaban una comida a mediodía que solía ser carne y una ensalada y nada más excepto los polvos con agua o jugos sin azúcar.
Las niñas habían llegado a llorar de hambre, también a marearse y el carácter se les estaba agriando mucho. Hasta que la abuela paterna aconsejo a mi cuñada que siguiera ella con la dieta pero dejara a las niñas comer comida “normal”.
Decir que mi cuñada ha llegado a pasar dos días sin comer alimentándose solo de factores. Cuando empezó la dieta mi cuñada pesaba 95 kilos, llegó a perder 9 los dos primeros meses, lo que la animó a continuar, después de eso se estancó, en su caso, dejó de tomar los productos por problemas económicos. Ha llegado a gastarse 600 euros. Ahora pesa 98 kilos, ha perdido dinero y está arrepentida y avergonzada.